¡Y llegó el gran momento!

 

Ahí estábamos los dos, impacientes, expectantes, emocionados... estábamos a punto de saber si nuestra vida daría un giro de 360°... una rallita, dos rallitas, espera... espera... ¡Síííí! ¡Vamos a ser PAPÁS!
Mi primera reacción fue quedarme paralizada. La segunda, como no, 
LLORAR. Empecé a llorar sin saber muy bien el porqué. Después de tantos meses de falsas esperanzas, de pruebas negativas, cuando ya casi había tirado la toalla, y llegó. El gran momento que cambiaría nuestras vidas.
Bueno, ahora solo faltaba la
DULCE ESPERA... que por cierto, ¿quién le puso ese nombre?